La Bomba Biótica es una teoría que describe cómo los bosques influyen en los patrones de viento y precipitación, actuando como una «bomba» que atrae la humedad desde los océanos hacia el interior del continente, lo que permitiría activar el ciclo corto del agua que veíamos recientemente en el blog Esta teoría fue desarrollada por los científicos rusos Anastassia Makarieva y Víctor Gorshkov en 2006.
Según los investigadores, se trata de un proceso que utiliza la evapotranspiración de la vegetación para regular la circulación del aire y la disponibilidad de agua en los ecosistemas. La restauración de ecosistemas sería por tanto un aspecto clave que afectaría al régimen de lluvias y agua subterránea, regulando la circulación del aire y la disponibilidad de agua en un ecosistema.
El mecanismo de la Bomba Biótica se basaría en los siguientes aspectos:
Evapotranspiración: Los árboles de los bosques liberan vapor de agua a la atmósfera a través de la evapotranspiración.
Condensación y disminución de presión: El vapor asciende y se encuentra con capas de aire más frías, condensándose en forma de nubes. Este cambio de estado reduce el volumen de agua en el espacio, disminuyendo la presión atmosférica sobre el bosque.
Movimiento del aire húmedo: La disminución de presión sobre el bosque provoca que el aire de zonas con mayor presión (como el océano) sea atraído hacia el continente, transportando humedad adicional.
Precipitación: El aire húmedo que llega al continente se condensa y precipita en forma de lluvia, manteniendo el ciclo hídrico.
Según Makarieva, partiendo de un ecosistema degradado, el proceso de recuperación, sería el siguiente:
En un ecosistema sin vegetación, la precipitación que ocurre tiende a convertirse en escorrentía, ya que no hay suficiente absorción del agua en el suelo.
El aire que fluye pierde humedad progresivamente debido a la falta de evapotranspiración.
La ausencia de vegetación evita que el ciclo del agua se mantenga, lo que perpetúa la aridez del lugar.
Incorporación de vegetación (Fase B)
La restauración del paisaje comienza con la retención de humedad en el suelo, promoviendo la evapotranspiración.
Esta evapotranspiración aumenta el contenido de vapor de agua en la atmósfera, reduciendo la pérdida neta de humedad a lo largo del flujo de aire.
Sin embargo, si la circulación del aire no cambia, parte de la humedad será transportada fuera de la región, lo que puede reducir el caudal de los ríos y generar conflictos con comunidades que dependen de estos recursos hídricos.
Bomba biótica activa (Fase C)
Si la vegetación logra modificar la circulación atmosférica, se crea un mecanismo de convergencia de aire húmedo, atrayendo más humedad a la región.
Como resultado, aumentan tanto la precipitación como el caudal de los ríos, estabilizando el ciclo hidrológico.
Ejemplos como la selva amazónica muestran que los ecosistemas forestales más productivos generan los mayores caudales de ríos debido a este proceso.
Implicaciones y estrategias de restauración
La clave para que la bomba biótica funcione es lograr que la evapotranspiración genere un cambio en la circulación del aire, no solo aportar humedad.
Para proyectos de restauración a gran escala, se recomienda comenzar en áreas más húmedas (como laderas de montañas), donde la precipitación ya ocurre de manera natural.
La restauración en áreas pequeñas puede beneficiar a regiones cercanas al aportar humedad, pero el cambio global solo ocurre si hay suficiente escala.
En ecosistemas áridos, al inicio de la restauración puede haber una reducción del caudal de los ríos, pero a largo plazo, si se mantiene el proceso, la situación mejora.
Herramientas como el desarrollo de paisajes de retención hídrica, son una herramienta fundamental en la restauración de ecosistemas y en la generación de territorios más resilientes y adaptados a los retos ecológicos que ya enfrentamos.