
Uno de los conceptos que más nos ayudan en el proceso de regeneración del suelo es el de la sucesión ecológica. Comprenderlo es fundamental si queremos pasar de una agricultura que se limita a medir el pH o los niveles de nitrógeno, fósforo y potasio (NPK) a otra que entiende que existe una dimensión invisible que determina si tus plantas prosperan o te quedas luchando constantemente contra las “malas hierbas”, las plagas y la falta de vigor.
La Red Trófica: El Motor Biológico
La red trófica del suelo no es estática; evoluciona. En los suelos degradados o «pioneros», la red es simple y dominada por bacterias. A medida que el ecosistema madura, la red se vuelve más compleja, incorporando una vasta biomasa de hongos. Esta transición es vital porque los hongos no solo descomponen materia orgánica compleja (como la lignina de la madera), sino que crean autopistas de nutrientes (micelios) que las plantas aprovechan.
La imagen a continuación es el mapa de cómo la vida microscópica – bacterias, hongos, protozoos y nematodos- dictan qué plantas prosperarán y cuáles no. Cada tipo de planta estará favorecida por la comunidad específica que la puede sostener, que a su vez viene determinado por un contenido de materia orgánica.

El Punto de Partida: El Suelo Pionero
Todo ecosistema comienza en un estado de baja complejidad. Un suelo pionero es aquel que parte de la roca madre o que ha sufrido una perturbación catastrófica, como un incendio forestal o, en el contexto agrícola, el uso intensivo del arado de vertedera y la aplicación de agroquímicos, que voltea los horizontes, oxida la materia orgánica y destruye la vida en el suelo.
En esta etapa, el suelo es un entorno muy difícil: compactado, pobre en materia orgánica y con una biomasa microbiana mínima, compuesta casi exclusivamente por unas pocas bacterias resilientes. Aquí solo pueden establecerse las denominadas plantas pioneras o «malas hierbas». Lejos de ser enemigas, estas plantas cumplen una función vital: sus raíces pivotantes descompactan el suelo, su follaje lo protege de la erosión solar y, al morir, depositan la primera capa de materia orgánica. Este aporte permite que la comunidad microbiana comience a crecer, preparando el terreno para la siguiente fase.
El Avance de la Sucesión: De Anuales a Perennes
A medida que la materia orgánica se acumula y la vida bacteriana se diversifica, el suelo transita hacia la etapa de las plantas anuales. La biomasa microbiana aumenta significativamente y la red trófica empieza a poblarse no solo de descomponedores, sino también de sus depredadores. Tras las anuales, la sucesión avanza hacia los pastos o plantas perennes, donde el suelo deja de ser perturbado y se establece una cobertura permanente. Es precisamente en el tránsito entre las anuales y los pastos donde encontramos el lugar adecuado para las hortalizas. En este nicho, la comunidad microbiana es capaz de liberar los nutrientes necesarios gracias a la presencia de protozoos y nematodos que consumen bacterias. Además, es el punto donde el control de hierbas es más sencillo: el suelo ya no tiene los vacíos biológicos de las pioneras, pero aún no presenta la densidad radicular agresiva de un pastizal cerrado.
A medida que la materia orgánica se acumula y la vida bacteriana se diversifica, el suelo transita hacia las etapas de plantas anuales. Aquí, la biomasa microbiana aumenta significativamente. La red trófica empieza a poblarse no solo de bacterias, sino también comienzan a aparecer los primeros hongos.
En la medida en la que la primera red trófica es capaz de establecerse, comienzan a aparecer los primeros depredadores: algunos protozoos y nemátodos. Es en esta transición donde la Red Trófica del Suelo se vuelve funcional. Cuando los protozoos y nematodos consumen bacterias, liberan el exceso de nitrógeno que estas contenían en una forma disponible para las raíces. Sin esta relación de depredación, los nutrientes quedarían «secuestrados» en los cuerpos de los microorganismos. Por ello, un cultivo anual sano depende directamente de que exista una comunidad de depredadores activa en su rizosfera.
La Transición hacia lo Leñoso: Arbustos y Coníferas
Con el tiempo, el suelo evoluciona hacia la etapa de los arbustos. La naturaleza de la materia orgánica cambia: ya no son solo restos verdes tiernos, sino que aparece la celulosa y la lignina. Esto provoca un cambio drástico en la microbiología: aumentan los hongos descomponedores. Las bacterias no pueden procesar la madera de forma eficiente, pero los hongos, mediante sus hifas, transforman estos residuos en humus estable y actúan como el pegamento que crea la estructura granular del suelo. Siguiendo este camino, llegamos a las coníferas, donde la relación hongo-bacteria (H:B) sube. Los hongos dominan el ciclo de nutrientes y el suelo se vuelve un sistema muy eficiente, aunque más selectivo para la vegetación que puede establecerse.
El Clímax del Sistema: Bosques Caducifolios
La última etapa de la sucesión corresponde a las caducifolias. Aquí nos encontramos ante el estado de mayor complejidad biológica y contenido de materia orgánica. La biomasa fúngica es masiva, lo que permite un reciclaje de nutrientes prácticamente perfecto. El suelo se transforma en una «esponja» oscura y profunda, capaz de retener enormes cantidades de agua y carbono, representando el grado máximo de madurez al que puede aspirar un ecosistema terrestre.
El Rol Crítico de la Materia Orgánica
La línea ascendente de materia orgánica en nuestra infografía es el indicador de salud del sistema. No es solo «abono»; es el hogar y el combustible de la red trófica.
Cambios en la Química: Nitrógeno y pH
La evolución biológica arrastra consigo cambios químicos profundos en el perfil del suelo:
Resumen de la Sucesión
| Etapa | Plantas Principales | Biología Dominante | Forma de Nitrógeno |
| Pionera | Ruderales, Liquen | Bacterias | Nitrato |
| Productiva | Hortalizas, Pasto | Equilibrada (1:1) | Nitrato / Amonio |
| Clímax | Coníferas, Frondosas | Hongos | Amonio |
Recomendaciones según el Cultivo: ¿Dónde debe estar tu suelo? La relación Hongo:Bacteria (H:B)
Uno de los errores más comunes es tratar todos los suelos por igual. La ciencia nos dice que cada tipo de planta ha evolucionado para preferir un equilibrio biológico específico:
Para que un proyecto sea exitoso, debemos alinear la madurez biológica con el cultivo deseado:
| Tipo de Cultivo | Etapa Sucesional Recomendada | Relación H:B Ideal | Ejemplos |
| Hortalizas de ciclo corto | Anuales / Hortalizas | 0.1 – 0.5 | Lechugas, espinacas, coles |
| Frutos y Cereales | Perennes / Pastizales | 0.5 – 1.0 | Trigo, tomates, pimientos |
| Frutales y Vid | Arbustos / Bosque joven | 2.0 – 5.0 | Olivos, viñedo, frutales de hueso |
| Frutos secos y Bosque | Clímax (Coníferas/Caducifolias) | > 10.0 | Nogales, castaños, robles |
¿En qué etapa está tu suelo?
Si intentas plantar un bosque de frutales en un suelo puramente bacteriano (lleno de malas hierbas pioneras), tendrás que gastar mucho dinero en fertilizantes. Pero si trabajas para avanzar la sucesión a través de estrategias regenerativas, el suelo hará el trabajo por ti.
Conclusión: La Fertilización Regenerativa de Precisión
Como hemos venido analizando estos meses, el objetivo no es añadir productos «por si acaso», sino realizar una fertilización regenerativa de precisión. Esto requiere saber en qué punto de la sucesión se encuentra nuestro suelo. Si estamos «atrapados» en una fase pionera tras años de arado, nuestra misión es inocular vida y aportar el tipo de carbono adecuado para empujar la sucesión hacia el estadio que nuestro cultivo necesita. Solo entendiendo la etapa sucesional podemos aplicar la intervención exacta para que la red trófica trabaje a nuestro favor.
En próximas entradas, iremos desgranando como pasar del estado pionero-degradado en la que se encuentra la mayoría de los suelos agrícolas al punto de la sucesión ecológica del suelo que tu cultivo necesita para estar sano y productivo.