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14 octubre, 2025
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Más allá de Liebig: La Revolución de la Fertilización Regenerativa y la Nutrición de Precisión

A lo largo del últimos 150 años, la agricultura ha venido operando bajo la lógica reduccionista de un paradigma que se desarrolla en el siglo XIX. Hemos considerado al suelo como el soporte inerte que sirve de sostén para las plantas, las cuales tienen que ser alimentadas por medio de químicos solubles, mientras olvidamos el componente fundamental: la vida.

La fertilización ecológica regenerativa no es sustituir urea por estiércol. Busca sustituir la visión convencional heredada del siglo XIX, integrando a la microbiología como motor central de la fertilidad y los micronutrientes como catalizadores de la salud vegetal.

Para entender a donde vamos, es preciso comprender de donde venimos. Y en este punto debemos detenernos en la figura de químico Justus von Liebig y su famosa “Ley del Mínimo”, en la que el enfoque hacia el suelo y la fertilidad es en base a la estructura física (arena, limo y arcillas) y balance químico (pH y cationes). El elemento central es la solubilidad y si en el suelo hay o se aportan elementos químicos solubles (enfoque NPK), estos están disponibles y pueden ser absorbidos por la planta. La prioridad es los macronutrientes y se olvidan los micronutrientes y su importancia en la fisiología de la planta. Liebig, en su intento de comprender de que se alimentaban las plantas, comenzó a quemar biomasa vegetal analizando las cenizas resultantes. El carbono, el oxígeno y el nitrógeno se volatilizaban y en las cenizas quedaba un residuo mineral formado por fósforo, potasio, magnesio, etc. La conclusión de Liebig, fue la siguiente: «Si la planta está hecha de estos minerales, el suelo debe proveerlos», ignorando que lo que se marchaba en la combustión era el carbono y los restos orgánicos, concluyó que la fertilidad era una cuestión puramente inorgánica. Si las plantas absorben agua por las raíces, los minerales de la ceniza deben estar presentes en la solución del suelo. Es decir, deben estar en una forma soluble para que sean absorbidos por la planta. El fertilizante, por tanto, debe ser una sal soluble. Justus, desconocía por completo la capacidad de la microbiología de solubilizar rocas o materia orgánica compleja del suelo. Había nacido el paradigma de la solubilidad, que es el predominante en la agricultura que se practica en occidente.

El modelo de Liebig tenía un cuello de botella: el nitrógeno. De gran abundancia en la atmósfera, pero en su forma soluble natural solo se podía encontrar en el guano de las islas o el salitre de Chile. No fue hasta 1909, cuando otros 2 químicos alemanes, Haber y Bosch desarrollaron un proceso que cambiaría el mundo y cimentaría la agricultura química: la síntesis industrial del amoniaco.

Con la teoría mineral de Liebig y el proceso de Haber-Bosch, quedaría definidas las bases para el desarrollo de la llamada “Revolución Verde” liderada por Martin Borlaug. Se desarrollaron variedades de cultivos enanas y de alto rendimiento diseñadas específicamente para responder a estas dosis masivas de fertilizantes solubles.

El suelo dejó de verse como un ecosistema vivo para pasar a ser considerado como un soporte inerte en el que el agricultor inyectaba dosis masivas de solución química NPK soluble. Al usar estas sales soluble, se destruye la microbiología del suelo, por lo que el suelo pierde estructura (agravado por el proceso de labrado cada vez más profundo) y fertilidad natural. Esto obliga al agricultor a usar más fertilizante soluble para mantener el rendimiento, creando una dependencia total de los insumos externos.

La fertilización regenerativa busca corregir este error histórico: dejar de tratar al suelo como un laboratorio de química inorgánica.  La pregunta no es tanto «¿qué químico le falta a mi cultivo?» sino preguntarnos «¿Qué proceso biológico está fallando en mi suelo?». Es necesario comprender que el suelo debe ser tratado como lo que realmente es: un sistema biológico complejo. El enfoque físico y químico es insuficiente. Para una adecuada fertilización de los cultivos, debemos incorporar la dimensión biológica, que es capaz de dinamizar los procesos de fertilidad. El suelo no es un soporte inerte de la planta: es el aparato digestivo de los ecosistemas. O dicho de otro modo: es la planta la que alimenta al suelo y no al revés.

En este nuevo enfoque, la fertilidad no depende tanto de cuanto fertilizantes soluble aplicas, sino de cómo y en que medida pones a funcionar la microbiología para que se activen los procesos de fertilización que ocurren en los ecosistemas.

La fertilización regenerativa incluye un conjunto de prácticas que buscan alimentar al suelo para que este nutra a la planta, basadas en dos principios básicos:

  • una planta bien nutrida es más resistente a plagas y a enfermedades
  • la reconstrucción de la red trófica del suelo

Mientras la producción convencional se centra en NPK, la fertilización regenerativa se centra 3 aspectos fundamentales:

  1. Las 3 M’s:
  • remineralización del suelo.
  • activación de la microbiología del suelo: biofertilizantes e inóculos microbianos.
  • trabajar en técnicas que aumenten la materia orgánica del suelo, entendiendo a esta última como el combustible que dinamiza la reconstrucción de la red trófica del suelo.
  • Estructura biológica vs labranza mecánica

En lugar de utilizar el labrado par airear el suelo, buscamos favorecer procesos de recuperación de la estructura del suelo a través de la actividad de la microbiología, en la que las bacterias comienzan el proceso a través de la formación de microagregados, que con posterioridad los hongos unen a través de la producción de glicoproteínas formando una estructura porosa y de mayor contenido en materia orgánica llamada macroagregado. Esto permite un suelo poroso por el que puede circular oxígeno y agua.

  • Nutrición integral

Durante los 4 diferentes estadios de la fotosíntesis, la planta no solo necesita macronutrientes, sino que determinados micronutrientes son imprescindibles para la correcta formación de proteínas y metabolitos secundarios, que hacen que la planta crezca sana, aumente su densidad nutricional, mejore sus propiedades organolépticas y sea menos susceptible al ataque de plagas.

La combinación entre macro-micronutrientes y microbiología es fundamental para una correcta nutrición de las plantas y mejorar la fertilidad. En nuestro trabajo de regeneración del suelo son dos las líneas de trabajo fundamentales:

  1. Producción de diferentes tipos de biofertilizantes:

A través de los cuales se obtienen bioquelatos, enzimas, vitaminas, amioácidos que aportan una nutrición de precisión a la planta. La fotosíntesis y la síntesis de proteínas  son procesos dependientes de enzimas que necesitan “llaves” o cofactores para activarse. Estas llaves son micronutrientes como el Manganeso, Zinc, Cobre, Boro y Molibdeno. Sin estos elementos traza, la planta no puede formar compuestos complejos (como lípidos y aceites esenciales) y se queda atascada acumulando azúcares simples y nitratos libres, que son precisamente el alimento favorito de plagas y enfermedades.

A través de la producción y uso de los biofertilizantes se aportan los micronutrientes que la planta necesita. Son procesos de fermentación a través de los cuales la microbiología digiere los minerales y los envuelve en estructuras de carbono (quelatación), al tiempo que se producen moléculas orgánicas que actúan de elicitores, activando el sistema inmune de la planta.

  • Producción de inóculos microbianos

A través de la producción de te’s y extractos de compost, reconstruimos las redes tróficas del suelo. Para que las plantas estén sanas y sean productivas, es fundamental que la red trófica del suelo sea la adecuada al tipo de cultivo. Comenzamos estudiando el estado actual del suelo, conociendo  la relación entre los diferentes grupos funcionales (bacterias, hongos, protozoos y nemátodos) a través de nuestro laboratorio. Desde aquí podremos evaluar cual es el estado del suelo y establecer unos objetivos de balance microbiológico deseado en función al tipo de cultivo. La reconstrucción de la red trófica del suelo, es una herramienta fundamental no solo para la activación de los procesos de fertilidad natural, sino también para conseguir una estructura de suelo adecuada para el crecimiento de la planta.

La evidencia es contundente: la visión reduccionista de Liebig ha tocado techo. La agricultura actual demanda una estrategia más sofisticada que la simple adición de sales solubles. Necesita una actualización que integre la microbiología con la nutrición de precisión. La propuesta pasa por incorporar esta mirada que es fundamental para las plantas y el suelo, cambiando la dependencia de insumos del exterior por una fertilización que permite que la planta active su propia resistencia ante plagas y enfermedades, reduciendo costos y aumentando la calidad de la cosecha.

El paso de la fertilización química a regenerativa es algo al alcance de la mano de cualquier productor. Desde Sustraiak tenemos experiencia acumulada en acompañar en el diseño de planes de nutrición que regeneran tu suelo mientras mejora tu rentabilidad. Ponte en contacto si necesitas más información.